Si tú no tienes criterio, la IA tampoco

Intento escribir novelas, hago marketing y monto sistemas de IA para negocios. En los tres casos me paso el día decidiendo qué se queda y qué se tira, que es justo la parte que no le dejo a la máquina.

Qué es eso de la IA de autor →

Aún estoy terminando la página

Empecé a escribir sobre tecnología en 2014, en El Androide Libre, cuando el gran debate del sector era si un móvil de seis pulgadas cabía en un bolsillo. Por el camino me pasé al marketing digital, que es donde aprendes que cada click cuesta el dinero de alguien. Montar sistemas llegó bastante después, y con bastantes más cosas rotas por el camino. En todo este tiempo he aprendido que se puede hablar mucho de IA sin haberla puesto a trabajar nunca, y que se nota.

Aquí cuento lo que monto yo: qué funcionó, qué se rompió, cuánto costó y en qué momento exacto tendría que haberlo parado. El conejillo de indias soy yo, con mi facturación de autónomo, las newsletters que me llegan solas al correo o el tablón de anuncios de mi campaña de rol. Ningún cliente se ha jugado su dinero para que yo tenga algo que contar.

Ya me has encontrado. Ahora tal vez puedas contratarme

El Quesito Amarillo

También escribo ficción, que es la parte en la que nadie me paga y por eso se nota más si miento.

De momento tengo una novela terminada y a mitad de revisión, que en este oficio es como decir que estás casi en forma. En la revisión me acompaña un editor artificial que me tumba capítulos enteros sin pestañear.

Aquí no hay cliente que corrija el rumbo ni brief que marque lo que se puede contar. Si un capítulo no funciona, no hay a quién echarle la culpa, y mira que lo he buscado.

Lo que escribo →

Un correo al mes con lo que he publicado y lo que he roto. Sin secuencia de bienvenida ni PDF de regalo con título de ponencia de congreso.