Cuaderno

No abandones tu dominio o acabarás convertido en un fumadero de opio

2 de septiembre de 2026 · 2 min

No abandones tu dominio o acabarás convertido en un fumadero de opio

Nunca fui informático. Nunca quise serlo. En 2014 monté una web en WordPress con la misma pericia con la que un mono monta un reloj suizo: a base de tutoriales de YouTube y fe ciega en que "actualizar plugins" no podía salir mal.

Salió mal.

Un día abrí el panel y la portada hablaba en cirílico. No sé ruso, así que no puedo confirmar si estaba vendiendo suscripciones a un canal de propaganda del Kremlin o coordinando a un topo del FSB para liquidar a alguien en Alicante. Lo que sí sé es que, durante semanas, mi blog personal fue más geopolíticamente relevante que en el resto de su vida útil junta.

Cuando por fin desinfecté aquello, la recompensa fue un aluvión de spam de un casino online que aparecía en cada esquina de la web, como si el sitio entero hubiera empeñado el alma en una partida de blackjack que yo nunca pedí jugar.

Llegó 2020. Llegó la pandemia. Llegaron los problemas personales que uno no cuenta en un blog. Y solté el proyecto entero, dominio incluido, con el mismo cuidado con el que se suelta una bolsa de basura desde un coche en marcha.

Años después, montando esta web nueva, he vuelto a teclear aquel dominio por nostalgia. Lo compró una empresa china. Ahora es el anuncio de un casino online con un diseño que recuerda menos a Las Vegas y más a un fumadero de opio de serie B ambientado en el Shanghái de 1930.

La lección no es sutil: un dominio abandonado no muere, se reencarna. Y casi siempre reencarna peor.

Un correo al mes con lo que he publicado y lo que he roto. Sin secuencia de bienvenida ni PDF de regalo con título de ponencia de congreso.